Dos descubrimientos de F.M. Alexander que todos los músicos deben saber 

F.M. Alexander era un artista escénico, y motivado por su deseo de recitar liberado de los problemas de voz que padecía, se embarcó en un odisea de investigación de sí mismo y de cómo sus hábitos se activaban e interferían con su desempeño. Sus investigaciones lo llevaron no solo a recuperar la voz, sino también a llegar a tener una exitosa carrera como actor y maestro del uso de la voz. Dedicó el resto de su vida a la investigación y enseñanza de liberar a las personas de los hábitos automatizados con que nos auto-limitamos, y así mejorar el funcionamiento del cuerpo y desempeño en las actividades.

Lo que Alexander amaba hacer era recitar obras de Shakespeare. Su carrera avanzaba, pero él empezaba a padecer de afonía y una respiración ruidosa al tomar aire. Temiendo cancelar funciones, consultó con varios médicos. El diagnóstico: necesitaba hacer reposo, lo cual hizo con los resultados esperados: volvió su voz. ¡Pero volvió a suceder lo mismo al subir al escenario, y de nuevo estaba con el mismo problema!

Su médico admitía que no veía ningún problema físico en él, ni podía ver ningún problema con lo que estaba haciendo. (Esto es un punto importante para nosotros, porque generalmente no vemos las cosas que hacemos que nos perjudican, y algunos hábitos son tan universales que otras personas tampoco se dan cuenta.) Entonces Alexander decidió investigar lo que estaba haciendo, convencido que el problema yacía ahí. Empezó a recitar frente a espejos para observar a sí mismo, y después de un largo periodo de observación, experimentación y exploración, llegó a dos grandes descubrimientos que son de mucha importancia para los músicos:

  1. El uso afecta el funcionamiento. Esto quiere decir que CÓMO reaccionamos con nuestro cuerpo-mente afecta todo lo que hacemos, y por ende, el sonido.
  2. El control primario: La coordinación de la cabeza y la columna funciona cómo una llave para coordinar el cuerpo-mente.

Concretamente, lo que Alexander descubrió era que su tendencia a tensar el cuello con el efecto de tirar la cabeza hacia atrás y abajo ocasionaba un achicamiento general de su cuerpo y una compresión de su aparato vocal. Si bien Alexander no tensaba y comprimía su aparato vocal de manera intencional, había desarrollado hábitos basados en su idea de cómo recitar. Lo que no se daba cuenta es que estos hábitos venían acompañados de tensión en el cuello. Lo que él descubrió a lo largo de su carrera investigando y enseñando a miles de personas – artistas y no artistas – era que la mayoría de las personas tenía la misma tendencia. Y el resultado era que ellos mismos se sometían a una mala coordinación general, afectando así su salud y la capacidad que tenían para hacer las cosas que querían hacer.

Mejorar la coordinación de nuestro organismo cuerpo-mente mejora el resultado

Alexander llamó la relación cabeza-columna el control primario, porque es solo permitiendo que la cabeza se equilibre libremente sobre la primera vértebra de la columna (la articulación atlanto-occipital) sin tensar indebidamente los músculos del cuello que podemos coordinarnos a nosotros mismos para movimiento libre. El control primario no es una posición de la cabeza, sino una relación dinámica de la cabeza y columna que nos permite estar equilibrados y coordinados en todo lo que hacemos. Cuando la cabeza y la columna no están en su relación óptima, la coordinación general puede verse perjudicada y pueden generarse problemas de compensaciones, lesiones y disfunciones tal cómo contracturas crónicas, nódulos en las cuerdas vocales y ansiedad.

Aplicación para los artistas

El significado de esto para los músicos es que podemos acceder a una coordinación interior innata que nos permite movernos con fluidez, facilidad y alegría, sin las tensiones automáticas que nos limitan. La Técnica Alexander se basa en estos dos primeros descubrimientos de Alexander, y el campo de investigación es la vida misma, porque nuestro cuerpo-mente con sus reacciones a los estímulos de la vida es lo que traemos a nuestra práctica musical.

También podemos entender que cómo practicamos o estudiamos influye más nuestra capacidad de expresarnos musicalmente que cuanto practicamos. Si repetimos el estudio comprimiendo nuestra columna, reforzamos los hábitos de tensión que interfieren con movimiento libre. Si permitimos que la cabeza se equilibre sobre la columna sin tensar a pesar de la dificultad de un pasaje o un público, estamos reforzando la capacidad de nuestro sistema nervioso de soltar. De esta manera abrimos la puerta a la expresión libre, el flujo de creatividad y el crecimiento. Además, resulta en mayor confort debido a la conexión que se experimenta con el cuerpo al utilizarlo según éste está diseñado.

Alexander era un artista, y él entendía que, como todos los artistas, su propio cuerpo era su instrumento primario. En su caso él quería solucionar problemas de la voz para hacer lo que amaba hacer: actuar. Para todo el mundo, sus descubrimientos y principios  nos ayudan a quitar interferencias a la coordinación, para hacer con plenitud lo que amamos.

Cómo aprender más

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Con cariño,
Mari

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